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  • José Miguel Peiro Alba

Y, de nuevo, el PEZ


El símbolo cristiano primitivo del pez (en griego ΙΧΘΥΣ) —que forma el acróstico “Jesús Cristo, hijo de Dios, salvador”— vuelve a ser, en la actualidad, un motivo de esperanza y de proclamación de la fe en el mundo de la educación. Si este símbolo aparece en la portada del libro El Cristo educador es porque su imagen permite resumirlo en tres grandes rasgos.

En primer lugar, el pez es una imagen de Jesús, quien es la referencia central y fundamental del creyente cristiano. Se trata de una apelación directa para situar a Jesús, el Cristo educador, en el centro de la comunidad educativa. Leer y escudriñar su Palabra; rebuscar en la sabiduría que atesora la historia y la Tradición de la Iglesia; y, aprovechar el testimonio de tantos creyentes y educadores que le han seguido, son criterios fiables para orientar el sentido de nuestra misión educativa.


Además, el pez es un símbolo secreto, más bien clandestino que evoca dos polos contrapuestos pero al tiempo complementarios del ser cristiano. Por un lado, estimula lo más profundo de la acción evangélica que, en su más pura esencia, es secreta, invisible incluso clandestina, pero, al mismo tiempo, fecunda y salvadora. Por otro lado, la reactivación de la misión educativa cristiana supone a su vez un compromiso para desactivar la clandestinidad religiosa en la que viven muchos educadores y, lo que es más inquietante, muchos alumnos.


Por último, el pez cristiano es símbolo de escatología y bienaventuranza. El pez en los evangelios representa no sólo que Jesús siempre mira lo bueno que hay en nosotros, sino que nos enseña todo lo bueno que podemos hacer si nos fiamos de Él. Si sabemos generar comunidad y fraternidad, lograremos alimentar educativamente a muchas personas, igual que ocurrió en el milagro de los panes y peces; si nos arriesgamos a seguir sus huellas, podremos llegar a ser. como los apóstoles, pescadores de hombres, esto es, personas que son felices haciendo felices a los demás; y, para concluir, si no nos perdemos en priorizar nuestras seguridades, y somos capaces de echar las redes educativas donde nos dice Jesús, obtendremos un fruto educativo, humano y evangélico inusitado, como en la pesca milagrosa.

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